
Andando por la calle, me doy cuenta, que son otras las calles que recorro. Son otros los olores, los sonidos, los nombres…
No tengo que esforzarme. Sólo cerrar los ojos un momento, y a veces ni siquiera, y yo ya estoy allí, regreso a casa.
Me acerco a la ventana de mi cuarto en el campus, mi compañera aún duerme.
El cristal, que se empaña con mi respiración, difumina los rostros de la gente.
Dentro, Hanna comienza a despertarse. El sol inunda el cuarto, la primavera avanza.
Se me ha escapado abril entre los dedos, se lo llevó la lluvia.